8 de agosto de 2016

Los Esteros del Iberá y los efectos del desfalco vial

Éste es uno de los escenarios privilegiados para el desarrollo de la observación de aves (birdwatching) y la contemplación de la vida salvaje en general, una afición creciente tanto a nivel mundial como local.

 

Como cada año desde hace un lustro, observadores de aves y cultores de la vida silvestre se dirigen hacia la laguna Iberá, en el corazón de la provincia de Corrientes, para participar de la Feria de Aves y Vida Silvestre. Es el sexto encuentro que convoca a operadores turísticos, autoridades públicas e investigadores científicos, organizado por la comunidad de Carlos Pellegrini como parte del pintoresco Camping Municipal, recostado sobre el espejo, entre añejos sauces y foliosos sangre de dragos. Sus instalaciones habían sido donadas a la municipalidad por el recordado filántropo Douglas Tompkins, a poco de llegar a esas tierras.

Éste es uno de los escenarios privilegiados para el desarrollo de la observación de aves (birdwatching) y la contemplación de la vida salvaje en general, una afición creciente tanto a nivel mundial como local. Antiguo rancherío de mariscadores y humilde conglomerado de familias de trabajadores rurales de las estancias vecinas, la colonia se consolidó como el único trazado urbano en contacto directo con este ecosistema, protegido en una reserva provincial que supera el millón de hectáreas.

Pueblos como Loreto, San Miguel, Concepción, Chavarría, Ituzaingó o Mercedes constituyen también portales de acceso a los Esteros, pero se emplazan a decenas de kilómetros de distancia. Es que el Iberá correntino no se deja arrimar tan fácilmente y allí radica precisamente el secreto de su exuberancia y magnífico estado de conservación, que permitió llegar hasta nuestros días a especies amenazadas de extinción, como el ciervo de los pantanos, el aguará guazú y grandes anacondas amarillas de cuatro metros de largo.

Son las aguas que brillan de los antiguos guaraníes. I ("agua") - berá ("brillante"). Algo que también brilla, aunque por su ausencia, es el asfalto de la ruta provincial 40, que une Mercedes con Colonia Pellegrini. No sólo fue prometido, licitado y nunca terminado, sino también -¿acaso debería sorprender?- pagado. ¡y con creces! No extrañará por estos días verificar que la empresa contratista en cuestión haya tenido a Lázaro Báez como principal accionista, en este caso a través de Biancalani SA.

El caso permite evaluar las consecuencias que trascienden a los resonantes hechos de corrupción del gobierno kirchnerista, actualmente investigados por la Justicia. El pueblo de Pellegrini depende exclusivamente de este camino para su existencia, hoy pendiente por completo del turismo, en cuyo desarrollo apostó con gran compromiso local, verificable en una oferta hotelera diversa, que incluye desde posadas exclusivas hasta piecitas acondicionadas en casas de familia. Una comarca donde los jóvenes, que antes debían migrar en busca de oportunidades, encontraron una fórmula para quedarse en su pueblo, donde se especializaron como guías y algunos aprendieron idiomas y hasta viajaron al extranjero gracias a las nuevas relaciones surgentes de una actividad atractiva para visitantes internacionales.

Sin embargo, esa fórmula se encuentra vulnerada en ausencia del asfalto y con un camino cuya condición empeoró a causa de obras iniciadas pero nunca terminadas. Cada vez que se aproxima un feriado, las vacaciones o un encuentro como la Feria, en Pellegrini miran al cielo y piden que, por unos días, no llueva, única forma de evitar el desastre de autos detenidos en arcillas apelmazadas y cinchándose unos a otros.

Como resultado de esta grave limitación, las visitas disminuyeron a un tercio en las últimas temporadas y la situación se agravó a tal punto que en Colonia Pellegrini sostienen que el pueblo se muere si no mejoran rápidamente su único camino de acceso: "Dennos una ruta para que podamos seguir mostrándoles el Iberá", reclaman quienes hoy deben transponer 120 kilómetros hasta Mercedes, para realizar las compras básicas de supermercado, aprovisionar combustible a las lanchas de paseo o el gas que permite cocinar y calefaccionarse.

Mientras tanto, los yacarés -cada vez más grandes y mansos gracias a fructíferos esfuerzos conservacionistas- toman el sol con sus enormes fauces abiertas junto a los visitantes asombrados, como si fueran monumentos dedicados a la paciencia, que los habitantes de Colonia Pellegrini supieron cultivar en los seis años que duró el desfalco vial del que fueron víctimas.

 

La Nación

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