31 de agosto de 2016

Santo Tomé: Hicieron entrega de los premios Teyú Yaguá..

Conozca la Historia de los 6 ciudadanos elegidos en esta edición 2016, para recibir el premio Teyú Yaguá que premia la vida y el trabajo de santotomeños desde el año 1997. En esta ocasión: Bernardino Cura, José Roberto Alvez, Lucrecia Olivetti de Ibarra, Alfredo Víctor Fernández. Rubén Aún y Ramona Josefa Lemos.

Premiados:

Lucrecia Olivetti de Ibarra
Vive en la calle Pellegrini al lado del negocio que tenía su esposo, Nicolás Ibarra, Hija de don Julio Olivetti, y de doña, María Teresa Falliveni; Cumple 92 años, pertenece a una familia numerosa tradicional de Santo Tomé, muy unida entre hermanas. Estudio y se recibió de maestra. Trabajo en Entre Ríos algunos años. 
Luego volvió a su pueblo y aquí se casó a los 22 años. con Nicolás Ibarra.
Siempre le gustaron las plantas y las flores que cultivaba con cariño y buen gusto. Sus jardines se caracterizaban por lo colorido y perfumado.
Recuerdos de su infancia son los paseos y juegos en los jardines y patios de su vieja casa materna y en la plaza Colón en la época de los grandes árboles (las grabileas y casuarinas).Allí jugaba a la volita y al carnaval.
Trabajó como maestra en la Escuela del Barrio estación, de la tablada y del barrio del piso. En esta última colaboraba machismo con el mantenimiento y cuidado del jardín.
En la década del 60´ el Intendente José Suaid (1965), le encargo la parquizacion de la Plaza Colón. Ella encantada realizó la tarea gratuitamente. Se dedicó a traer las diferentes especies de árboles y plantas de los campos de los alrededores de la ciudad, los ceibos, trajo del barrio “Tablada”.
Una anécdota de esta época es que para señalar los caminos del jardín de la plaza, juntó palos de escobas y los pintó de blanco, ella misma fue la que salió a buscarlos en el barrio.
Tiene su chacra “Las achiras” ,donde pasa mucho tiempo disfrutando de la naturaleza. Ella se encargó de adornarla con plantas y árboles autóctonos con muchas flores. Tuvo un hijo Oscar 
Sus nietos son: Susana, Ivonn, Oscar y Nicolás.
En el barrio le adoran, es la vecina y la que ayuda a todos, con su alegría, consejo, y sentido de humor.
Es una de las mujeres que atraviesan su vida de casi un siglo brindando a la comunidad sus enseñanzas y ejemplo.

                                      

José Roberto Alvez:
Nació en Santo Tomé, en 1953. Vive a la orilla del Rio Uruguay, le llaman “chita”. Tiene la experiencia de una vida dura e intensa. Cuando niño, vivió en el monte ribereño del Piñeral.
Su casa de tacuara y barro lo alojó hasta la adolescencia. Allí con sus padres Cornelio Álvarez, y Sibila Silva y sus tres hermanos.
Como todos los niños de su época jugaba y nadaba en la costa del río. Aprendido a nadar y pescar acompañando a su papá, y sus tíos.
A los 15 años de edad se trasladaron al Cerro. Luego se casó y tuvo una hija- cuando muere su esposa contó siempre con el apoyo de la familia y con sus tíos y amigos, pescaban en el rio Uruguay. Ponían siete horas y media remando rio arriba, paraba en la Isla San Mateo y luego seguían a la Isla Sarandí. En esa zona el agua es muy fría, luego empleaban 4 horas para volver.
Recuerda una anécdota en ocasión de una salida de pesca iba con su mujer, y le pico una víbora crucera. A los pocos minutos se sintió muy mal y se desmayó, por suerte, Margarita, su mujer, sabía encender el motor de su canoa, lo trajo hasta el puesto de Prefectura más cercano. Estuvo muchos días internado en el hospital. Hasta ahora sufre las secuelas de la picadura; pero sigue pescando.
Integra la asociación de pescadores que son más de cuarenta. Recuerda a los viejos pescadores de la costa: Horizonte Lemos, Reginaldo Viana, Mauricio González. Los que pescan por deporte, lo buscan como baqueano del rio. Su imagen es la imagen de todos los pescadores que vemos a diario con la tacuara y la sarta de pescados, tratando de vender su producto.
Por eso lo consideramos merecedor del Premio Teyú Yaguá y decimos: “felices los que trabajan para que los bienes de la tierra estén servidos al servicio de todos los hombres”.

Raúl Aún. “Rulo”, como todos lo llaman es un hombre de mirar sereno y andar tranquilo. Es una persona que desde muy joven trabajó como sodero. Actividad con la que sostuvo toda la vida a su familia. Nació en Santo Tomé, y vivió la niñez en la zona de la chacra, frente a la estancia Caá carapá, estancia de la familia Subizar. Con sus hermanos disfrutaban de esa naturaleza, y de la presencia de sus padres don Elías y Doña Mercedes.
Recuerda cuando venían en bicicleta a la escuela y tenían que cruzar en el arroyo Naranjito.
Es una persona sencilla y trabajadora desde los 12 años aprendió con su tío Antonio Aún a envasar la soda y él fue el heredero de la máquina que utilizaban desde un principio. La sodería se llamaba Santa Catalina. Está casado con Juana Margarita Rodríguez, tiene 3 hijos, dos varones y una mujer 12 nietos y 10 bisnietos.
Actualmente tiene una verdulería y trabaja como siempre. Es bondadoso y servicial.

Víctor Alfredo Fernández: Se inició siendo aún soltero, como oficial la Comisaria Departamental al mando de don Raúl Corti. Simultáneamente inició un curso de piloto civil en el aeroclub local con el inspector de vuelo don Carlos Adolfo Soto. Rindió los exámenes correspondiente que le permitieron iniciar su carrera con un certificado de identidad de aviador civil con el número 6892. Su primer vuelo realizo el 17 de diciembre de 1966. Recorrió varios puntos de la Provincia de Corrientes, hizo varios viajes a Buenos Aires, concluye el 10 de junio de 1968, completando 1.186 horas de vuelo. Al retirarse comienza a trabajar como secretario de la Sociedad Rural de Santo Tomé, con don Mario Reynal Centeno. Trabajaba allí por la mañana y por la tarde, vio la posibilidad de realizar otras tareas. Es así que decide abrir un pequeño taller en la esquina de Brasil e Irigoyen, local de la antigua panadería El Sol, propiedad de su papá, don César Fernández. Al taller le puso nombre el señor Miguel Centeno Goncalvez y quedo con ese nombre “Tara servis” arreglaba todo lo que le llevaban, electrodomésticos: planchas, faroles, veladores, luego a pedido de su tía Rosa Delgado de Capurro, hizo una llave. La confeccionó con una lima, le salió bien. Y después hizo otra y otras. Así comenzó su vocación por la cerrajería. Compró herramientas, materiales adecuados hasta que un día el señor Macíster Carballo, le ofreció una máquina de copiar llaves al precio de 15 $ pesos. Y la adquirió en dos cuotas. Primeros diez pesos y luego cinco. Así comenzó su historia. Siguió creciendo día a día hizo un curso por correspondencia y le visitaba proveedores de la especialidad. Por lo tanto decidió retirarse de la sociedad Rural habiendo cumplido con doce años de servicio en esa Institución. Se dedica definitivamente a su cerrajería, le cambia el nombre por “Cerrajería Alfred”.

Trabajó consecutivamente durante 39 años, hasta que dijo basta. Fue el 7 de marzo de 2007, cuando logro su jubilación.

Nació en santo tome el 5 de diciembre de 1936, sus padres fueron César Fernández y Diamantina Salgado, tenía dos hermanos Tití, y Julio. Se casó con Cecilia Mercedes Vignolo. Tiene tres hijos: Del Carmen René, Alfredo y Anibal, y dos nitos: Ariadna y Joaquín.
Tiene numerosas anécdotas – por ejemplo- una madrugada llama a su casa, un viajante le pide que le abra el baúl que estaba trabado. Lo atiende y cuando el señor le pregunta cuánto es… él le dice que no es nada. Y el viajante abre el baúl, saca una caja de vasos de colores, que lo conserva como recuerdo.

Lo maravilloso del trabajar es poder descubrír la vocación y hacer las cosas con la satisfacción del servicio a los demás. 

Don Bernardino Cura, Nació en Santo Tomé, y a los 4 años, fue vivir Apóstoles. Aprendió a manejar los colectivos a los 15 años. Los recorridos lo hacían en Misiones, Concepción de la Sierra, y Campo Bonito. También hacían recorrido a Mercedes por Pellegrini y recuerda que en el trayecto subían a los niños que iban a la escuela, como así también a las maestras.
Durante siete años, hizo recorrido al Puerto Hormiguero, la empresa se llamaba “Itati”. Seis años hizo el recorrido a Paso de los Libres. Y a Mercedes 12 años.
El 30 de mayo cumplió 90 años. Tiene 5 hijos, y muchos nietos. 
Es muy jovial, y recuerda con alegría anécdotas numerosas que cuenta con facilidad.
Especialmente le gusta el futbol y recuerda de memoria la formación de un equipo brasileño, de 1950.Su nieto lo representó dibujado en un cuadro que hoy adorna su habitación y él figura como director técnico.
La vida del colectivero es muy sacrificada sobre todo cuando los caminos son difíciles de transitar.
Don Cura los transitó durante muchos años y un ejemplo digno de valorar – por eso hoy le entregamos premios “Teyú Yaguá”

Doña Ramona Josefa Lemos: Trabajó con la familia Artigas, y con 50 años de actividad, se jubiló. Su tarea era de cocinar. Luego se dedicó a la fabricación de dulces y postres, especializando cada vez más. Es hermana de Doldri Lemos y de otros hermanos viven acá en el pueblo.
Cuando era niña, sus padres trabajaban como caseros con la familia Vega. En las vacaciones, sus padres se iban al campo y les dejaban con la familia de enfrente para ayudar. Aprendió a cocinar y hacer dulce con su tía. También con Dudu y Marina
Cuenta que en su juventud, quería tener muchos hijos, pero tiene solo uno Ramón Eduardo. (cuca), Y una nieta que vive con ella.
Tiene 74 años, vive sencillamente en una casa, ubicada en la calle Irigoyen, hacia el rio.
Se caracteriza por su dulzura y amabilidad no podía ser de otra forma, porque todo lo que hace, lo hace con amor y dedicación.
Su vida de trabajo, su sencillez y humildad, la hace merecedora de este reconocimiento.

 

 

santotome-online.com.ar/

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