LEYENDAS  23 de marzo de 2019

Leyenda del Agua Santa

Una leyenda se ha conservado en el inconsciente colectivo de la comunidad, que lo atesora y lo comparte, que año tras año muchos promeseros llegan al lugar confiados, seguros que lo que solicitan pronto tendran respuesta.

 

La ciudad de La Cruz, muy rica en historia y tradiciones, mantiene en el tiempo, algunas historias cargadas de misticismo, que la creencia popular, se la apropia, sorprende para propios y extraños, que desde lugares lejanos lleguen personas tras un milagro. 

Una leyenda se ha conservado en el inconsciente colectivo de la comunidad, que lo atesora y lo comparte, que año tras año muchos promeseros llegan al lugar confiados, seguros que lo que solicitan pronto tendran respuesta. 

LA LEYENDA DEL AGUA SANTA:

En tiempo remotos, en Mbororé, vivía un poderoso cacique de la tribu Guaraní, cuya mujer era muy conocidas en muchas leguas por su caridad y su piadoso temor a la Tupa.

Tenían ellos un solo hijo, tan valiente guerrero, como sanguinario déspota. Al morir su padre, le sucedió en el mando de la tribu y celoso de la fama de su bondadosa madre, concibió el proyecto de asesinarla. Una vez madurado tan abominable plan, invito a esta a recorrer el bosque.

Sin imaginarse siquiera la tenebrosa idea de su querido hijo, llena de alegría, lo acompaño. Al llegar a un lugar a propósito para cometer su crimen, el joven guerrero asesto un feroz golpe, con un madero, en la cabeza de su bondadosa madre, quien se desplomo inerte. Creyéndola muerta se apresuro a borrar las huellas del asesinato; cavo un profundo hueco colocando el cuerpo en el, en posición vertical y luego procedió a taparlo. Cuando solo quedaba afuera la cabeza, la pobre victima volvió en si, y al darse cuenta de la maldad de su hijo, abundantes lagrimas bañaron su rostro.

En tal forma lloró que las lagrimas al correr llevaban la tierra que su hijo arrojaba pretendiendo sepultarla viva. Furioso al ver que no podía ocultar su crimen, toma de nuevo el madero y vuelve a asestar otro golpe a la cabeza. Allí recibió el castigo de Tupá pues en el acto se convirtió en piedra.

Reblandecido el terreno por las lágrimas que seguían brotando de los ojos llorosos, la piedra fue hundiéndose en el suelo hasta desaparecer bajo tierra.

Paso el tiempo. Un día los ancianos de la tribu encontraron en el mismo lugar una vertiente y en el medio de ella una imagen llorosa.

Intentaron extraerla, pero en el momento en que iba a ser tocada, la imagen desaparecía.

Entonces se llamó a la vertiente EL AGUA SANTA y hasta hoy es conocida con el nombre de AGUA SANTA y esta situada a un kilómetro al norte del pueblo de La Cruz.

Corría en el año 1.878, al lado del monte del AGUA SANTA tenían su choza los ancianos Velozo, la señora, doña María Velozo, más conocida con el nombre de LA LALU, tenia en su casa un criado negro, hijo de esclavos, ambos, ama y criado muy caritativos.

Una mañana que como de costumbre visitaron la vertiente de la imagen, el negro quiso palpar esa santa que se veía y entonces se produjo el milagro: la santa ya no desapareció, sino que se dejó sacar de la vertiente.

Con todo respeto fue trasladada a la morada de la Lalú, quien le hizo construir un nicho, donde coloco a la imagen que media más o menos 18 cm. de altura. La vertiente de donde fue sacada se convirtió en lugar santo, sirviendo de agua pura, en un principio para bautizar y más tarde para curar toda clase de enfermedades.

Pasaron los años, falleció Lalú, después el negro, que por nada quería separarse de la imagen, a quien veneraba por encontrarla parecida con Santa Lucia.

Hoy esta imagen es venerada como dicha santa y el mayor misterio es que siendo una maderita crece y tiene necesidad sus poseedores de cambiarle periódicamente el nicho porque su cabeza alcanza la parte de arriba.

La primera vez que esto sucedió mando a agrandar el nicho don Honorio Garay, después se la tuvo que cambiar tres veces más. En el año 1.931 media aproximadamente cuarenta y cinco centímetros de altura y se hallaba en posesión de una descendiente de la LATU, María Mercedes Velozo, alias Lela.

Al lado del pozo que formo la vertiente hay un planta de laurel negro, cuyas ramas forman una cruz, la piedra de la leyenda fue extraído por don Vicente Silveira y tallada en ella la cabeza de un indio, que se encuentra en el patio del Destacamento reforzado La Cruz de Prefectura Naval Argentina. 

Actualmente es poseedora de la Virgen la familia Barcellos y mide cincuenta y siete centímetros de altura.

 

 

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